La compleja reconquista pirenaica del oso pardo

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Tras haber estado a punto de extinguirse en los años ochenta por la persecución del hombre, los osos pardos de las montañas de los Pirineos han vuelto a reconquistar una zona que había poblado históricamente. Es más, la cifra de plantígrados que merodean la cordillera fronteriza – en 1996 solamente quedaban tres ejemplares -, se encuentra estabilizada y ya disfruta de un territorio propio que abarca casi los 5.000 kilómetros cuadrados.

Así lo asegura la entidad Piros Life – un proyecto europeo para la consolidación del futuro de la especie en el macizo montañoso -, que tras realizar el recuento anual de osos coincidiendo con la salida de su hibernación, ha contabilizado40 ejemplares desplegados por los valles y cerros de Francia, Aragón, Navarra y Cataluña.

Un número notable al que además hay que sumar, según informaba a principios de mes la oficina de fauna salvaje de la jefatura de los Altos Pirineos de Francia, el nacimiento de dos cachorros de la osa Sorita (reintroducida el pasado año), y que suponen el primer alumbramiento de oseznos en los últimos 15 años dentro del sector galo de la cordillera.

Pero no todo son alegrías en el microcosmos de los plantígrados pirenaicos. El recuento realizado por Piros Life – con la intervención de equipos de Francia, Andorra, Vall d’Aran, Navarra, Aragón, Cataluña y la Fundación Oso Pardo – también ha detectado tres osos menos que en 2017, cuando el número de ejemplares, un total de 43, alcanzó su cifra más alta desde su reintroducción.

El equipo de seguimiento y recuento ha dado por desaparecido a uno de los dos cachorros que la osa Chataigene trajo al mundo en la parte francesa de los Pirineos en 2018; al oso Gribouille, también propio del sector galo y del que no se tiene rastro alguno desde 2016; y al oso Pyros, el viejo macho dominante por excelencia de las montañas catalanas que se ha dado por muerto – su pista se perdió a principios de abril de 2017 cuando fue fotografiado por última vez en el Vall d’Aran-, y que tras 29 años de existencia ha favorecido la recuperación de la especie con una descendencia de 55 ejemplares, de los que 30 son hijos directos.

Todo un logro reproductivo del emblemático animal reintroducido en 1997, así como del proyecto de repoblación de osos, que ha quedado desdibujado por el que se espera se convierta en su sustituto.

El joven oso Goiat, procedente de Eslovenia, ha desplegado unos descontrolados hábitos depredadores por todo el Pirineo desde que en 2016 fuera liberado por la Generalitat en el parque natural del Alt Pirineu (Pallars Sobirà) para combatir la endogamia generada por Pyros, lo que lo ha puesto en entredicho. Se le considera responsable de los asaltos sufridos en haciendas ganaderas y granjas apicultoras de ambos lados de la frontera.

En conjunto, la comunidad osezna pirenaica ha cometido 46 ataques en 2017 (13 más que en 2016) con el resultado de ciento setenta y siete ovejas, un cordero, tres cabras, dos yeguas y un potro muertos, así como cuarenta y seis colmenas destruidas, a los que hay que sumar el rastro de daños que dejó a su paso Goiat durante 2018 – 39 ovejas (la mayoría en Francia), nueve caballos, una cabra y ocho colmenas, o lo que es lo mismo, entre el 30 y el 40% de todos los ataques contabilizados de osos a rebaños-. En 2019 mató a una oveja, un cordero y un potro tras despertar de su periodo de hibernación.

La situación inevitablemente alimenta el debate sobre la compatibilidad entre los osos y la actividad económica de las zonas que estos habitan, y que ha derivado en numerosos rifirrafes entre ganaderos, ecologistas y gobiernos de los dos lados de la frontera.

Ejemplo de ello es la batida protagonizada el pasado verano por unos 30 ganaderos y apicultores franceses (algunos armados con escopetas) en las montañas Luchon -a escasos kilómetros de la frontera con el Vall d’Aran- para hacer regresar a Goiat a tierras españolas después de que este decidiese emigrar al lado galo para dar rienda suelta a sus instintos depredadores.

O el conflicto entre los gobiernos catalanes y franceses en 2018, después de que el segundo no autorizase a la Generalitat a entrar en su territorio para cambiar la batería del collar GPS que identifica a Goiat del resto de plantígrados, tras argumentar que eran «reticentes a intervenir y a manipular animales».

De todos modos es en la parte catalana de los Pirineos donde el controvertido oso ha causado más revuelo: varias manifestaciones de ganaderos apoyados por Unió de Pagesos han exigido no solo la captura del sustituto de Pyros, sino la retirada de todos los osos del Pirineo, y se enfrentan a entidades ecologistas como Ipcena y Depana contrarias al desahucio del animal. Las entidades recogieron más de 100.000 firmas y una petición a la dirección general de Medio Ambiente de la Unión Europea para mantener a Goiat en su territorio.

El conflicto ha llevado al Govern – tras intentar sin éxito solucionar la problemática del plantígrado con medidas como la instalación del citado collar GPS para monitorizar sus movimientos, la agrupación de rebaños, la contratación de pastores, el uso de perros de guarda o el levantamiento de vallados electrificados – a reconocer públicamente que Goiat presenta una «intensidad depredadora anómala y muy alta», y en consecuencia, se ha planteado seriamente la extracción y repatriación del animal del Vall d’Aran.

La Generalitat descarta medidas unilaterales y «en caliente» y prevé no expulsarlo sin antes intentar reconducir su actitud depredadora con una última serie de medidas coordinadas con el Conselh Generau d’Aran y los gobiernos de Aragón y Navarra.

El protocolo activado tras el fin de su última hibernación prevé el uso de pirotecnia, de balas de fogueo o balas de caucho, así como la instalación de una malla electrificada en el cuerpo de una de sus últimas víctimas – es habitual que el oso regrese al lugar del ataque – con el objetivo de ahuyentarlo de los lugares humanizados y donde hay rebaños.

La decisión se apuntala con el plan de la Fundación Oso Pardo y la Lliga per a la Defensa del Patrimoni Natural (Depana) – dos de las entidades conservacionistas que llevan más tiempo trabajando por la especie – para, entre otros propósitos, promover la convivencia armónica entre el oso pardo y la gente del territorio donde habita, incidiendo en el sector de la ganadería, al que intentarán convencer de los beneficios para el desarrollo del mundo rural que se desprenden de la presencia de estos animales depredadores.

De hecho, el acuerdo firmado hace unos días por la Generalitat, el Conselh Generau d’Aran y los gobiernos de Andorra y Francia para mejorar la gestión coordinada transfronteriza en materia de fauna salvaje y especies cinegéticas, a priori ha de reforzar la cooperación, la logística y control de la población de plantígrados para dar viabilidad a la permanencia del macho esloveno en los Pirineos.

Con todo, el tiempo corre en contra de Goiat. Tal y como reconoce el director general de Polítiques Ambientals i Medi Natural de la Generalitat, Ferran Miralles, «un solo ejemplar no puede poner en peligro un programa que, después de 25 años, ha salvado al oso de extinguirse en los Pirineos»,y si las recientes medidas no consiguen reconducir la actitud depredadora del ejemplar, se quedará sin oportunidades y será extraído definitivamente de las reconquistadas montañas catalanas.

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